Leer para crear

Leemos con diferentes propósitos: para estudiar alguna materia, para distraer la mente de la carga laboral, para satisfacer un gusto personal, o cualquier otro objetivo que se nos pueda ocurrir. Y al leer –casi sin darnos cuenta– crecemos, en el sentido de que potenciamos nuestras capacidades mentales (reflexión, análisis, creatividad). Para contribuir a ese crecimiento, existe la lectura creativa, esto es, una forma de acercarse a los textos para crear algo nuevo, distinto. Leer para crear es una base que sirve no sólo para la escritura, sino para las artes en general. Muchos pintores han inspirado sus obras en piezas literarias, sin dejar de mencionar las innumerables adaptaciones al cine que se han hecho de novelas, cuentos y hasta de poemas. Además, la lectura creativa va de la mano de la escritura, y se recomienda para el desarrollo de habilidades del pensamiento y artísticas a cualquier edad. De hecho, existen estudios en países de Latinoamérica, incluido México, que demuestran la contribución de esta práctica para contrarrestar los procesos de pérdida de memoria naturales del envejecimiento. Sí, la lectura creativa es tan importante para los primeros años de aprendizaje como para una buena salud mental en los últimos de vida. Pero ¿cómo llevar esos procesos? Es más sencillo de lo que se piensa, aunque sí implica involucrarse de manera más directa con el texto, aplicando algunas de las bases de la lectura activa, de la cual se desprende que: Cada dos o tres párrafos, será necesario detenerte a reflexionar sobre lo leído. Hacer anotaciones al margen o, mejor aún, tener una libreta de apuntes en la que escribas las reflexiones que te va generando la lectura será de gran ayuda (para ello te recomendamos la Libreta de entrenamiento para lectores). Hacerte preguntas sobre el texto es muy útil para encontrar conexiones con la propia historia: ¿qué sabes de la anécdota?, ¿conoces alguna anécdota similar?, ¿qué harías en la situación del personaje principal, o del secundario? Subrayar los términos nuevos o desconocidos y después consultarlos en el diccionario te ayuda a incrementar el vocabulario y, por ende, a desarrollar la escritura. Realizar mapas o bocetos de la lectura te permitirá identificar las estructuras narrativas. Reinterpreta lo leído Esta es la parte más compleja de la lectura creativa, pues te lleva a realizar tu propia versión de la historia, que no necesariamente será la creación de una obra literaria, sino que puedes hacer algo totalmente distinto: ¿qué tal un podcast, un video, una pintura o hasta una pieza de vestuario? Aquí también te damos algunas ideas para aplicar la lectura creativa en la reelaboración de un texto. Aplica las que más sentido hagan con tus propios intereses: Haz dibujos. Es la forma más tradicional de interactuar con el texto. Puedes hacer el retrato de los personajes, recrear escenas o paisajes. Incluso puedes adaptar el texto a historieta. Es importante que no te detengas ante las habilidades que puedas o no tener para dibujar o pintar, y que recuerdes que esta es sólo una sugerencia de acercamiento al texto leído. Cambia el estilo y el género: convierte un poema en narración, y transforma un cuento en verso, o elabora una pieza dramática. Todo inspirado en la lectura original, pero con un lenguaje distinto. Para los poemas, por ejemplo, puedes eliminar la métrica o, por lo contrario, si es un verso no rimado, convertirlo en uno que tenga rima, para jugar con el vocabulario y la matemática de la lengua. Propón finales alternativos. Si no te convenció el final de una historia, ya sea novela o cuento, es tu oportunidad de crear el propio. Incluso, puedes plantear una secuela: ¿qué sucedió con los personajes después del final propuesto por el autor?, ¿hubo personajes secundarios que te interesaron?, ¿qué habrían hecho ellos, desde tu mirada, si se les hubiera dado mayor peso en la narración? Si te decides por la grabación de un audiolibro para compartirlo en alguna red social (te recomendamos antes informarte sobre derechos de autor), cuida la entonación de las frases, el cambio de voces de los personajes, incluso no dejes fuera efectos especiales (viento, mar) que enriquezcan tu trabajo. Ahora sí, ya sabes cómo la lectura creativa te hará crecer. Anterior Inicio Siguiente

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Libros ilustrados, libros álbum: el poder de las imágenes

En el vasto mundo editorial, existen dos estilos de publicaciones que generan un gran interés entre lectores y amantes del arte: los libros ilustrados y libros álbum. Es muy común que ambos términos se confundan en uno solo, pero sí existen diferencias sustanciales. La escritora tapatía Tess Solinis Caspirus, directora del museo interactivo Trompo Mágico (Zapopan, Jalisco), explica esta diferencia: “En el libro ilustrado las ilustraciones son un complemento de la historia, mientras que en álbum tú no puedes entender la historia, en algunos casos, si no es por medio de esas imágenes”. La autora, quien recientemente abrió Strega, librería especializada en estos materiales, compartió que dentro de los libros álbum, también llamados álbumes ilustrados, existen algunos que no tienen palabras, pues toda la comunicación es a través de imágenes “es decir, sí hay un texto implícito, pero no está representado a través de las palabras impresas, pero la historia o el guion narrativo está interpretado por un ilustrador que, sólo con dibujos o ilustraciones de diferentes técnicas, representa la historia. No son tan comunes, pero sí existen muchos ejemplos de estos libros que no tienen palabras”. Ambos estilos de libros son para disfrutarse a cualquier edad, si bien es cierto que la mayoría de ellos están enfocados en el público más pequeño. “Esto se debe a que los niños, antes de leer, antes de ser alfabetizados, interpretan las imágenes. Pero hay bastantes ediciones que están enfocados en los adolescentes y en los adultos”, añadió la también cuentacuentos. Con ella coincide Gabriela Ibarra, diseñadora gráfica especializada en ilustrar libros, quien comenta que las publicaciones enfocadas en un público adulto cada vez son más comunes, y se editan para hacer más amena la lectura. Existen editoriales especializadas que ponderan la trascendencia de la imagen, como Libros del Zorro Rojo. En esta casa española es común que se tome un cuento o un poema y se encargue a un ilustrador de renombre la recreación del texto a través de sus obras gráficas. Ibarra también comenta que la forma de trabajar un libro ilustrado depende de las necesidades, ideas y propuestas del autor del texto base o guion. “Generalmente ambas partes, ilustrador y autor, platican en una reunión sobre el proyecto, se comparte el texto y las ideas de ilustración. Otras veces el autor ya tiene muy definido un estilo o una línea, y en ese caso el ilustrador puede proponer, adaptándose siempre a la base ya establecida”. Es importante señalar que un libro que contenga sólo algunas ilustraciones, por ejemplo, un dibujo por cuento o algunas portadillas en sus capítulos no es considerado ni ilustrado ni álbum, ya que esas imágenes sólo son una suerte de accesorio editorial. Todo un arte Gaby Ibarra, quien ha ilustrado libros por 30 años en editoriales tapatías de alcance nacional, señala que los estilos de ilustración más comunes en la actualidad son los digitales, pero admite que las técnicas artísticas son libres. Tess Solinis, por su parte, añade que todas las técnicas son propicias, y entre más artísticas o tradicionales sean, mayor será la trascendencia del volumen, como es el caso del dibujo y la acuarela. Existen, también, otros formatos para levantar imágenes, como la plastilina y hasta los muñecos de stop motion llevados a la impresión mediante fotografías. En realidad, la creatividad no tiene límites, pues incluso hay volúmenes con una interesante combinación de texto e ilustración, como es el caso de Libro de las preguntas, en el que Isidro Ferrer hace una recreación lúdica del texto y de la figura de Pablo Neruda. Solinis finaliza de manera contundente: “La ilustración es un ejercicio artístico universal, no necesitas ni siquiera saber leer, puedes interpretar y disfrutar de las imágenes, es un ejercicio de democracia, es algo que debe tener un valor tan alto como la literatura”. Anterior Inicio Siguiente

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¿Sabes cómo se hace un libro?

Muchos quizá nos damos una idea del proceso de impresión de un libro, al menos en términos generales. Pero antes de llegar a ese paso debieron realizarse otras tareas para lograr que cada obra tenga el más alto nivel de calidad posible.  A continuación, te mostramos un mapa mucho más detallado para que conozcas más de este fascinante mundo.  Anterior Inicio Siguiente

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Ángela Ruiz Robles, la maestra Angelita, pionera del libro interactivo

¿Te imaginas un artefacto en el que puedas llevar todas tus materias sin cargar tus libros a la escuela? ¿Un dispositivo en el que puedas responder cuestionarios de lo que aprendiste en clase? ¿Un instrumento iluminado que pueda leerse en la oscuridad? Desde luego que no te lo imaginas, porque ya existe, pero no es ese en el que estás pensando. No es una tablet, una laptop ni un celular. Ni siquiera es un Kindle. No es de ellos de los que hablamos, sino de la Enciclopedia mecánica, un invento de finales de los años 40 que se patentó en España, y que es el antecedente de todos los dispositivos móviles que conocemos hoy. Sólo que ese aparato estaba diseñado exclusivamente para facilitar el aprendizaje. La maestra Angelita, como conocieron en su época a Ángela Ruiz Robles (España, 1895-1975), fue la creadora de este invento, antecedente de los libros interactivos e inmersivos. Ella era una maestra gallega, enamorada de la enseñanza y de sus alumnos. Tanto los quiso que pretendía aligerarles la carga de libros y libros de casa a los salones de clases: su herramienta era práctica, compacta y contenía toda la información necesaria para las asignaturas del día a día, con las materias intercambiables. “Aprender más con el mínimo esfuerzo”, ese era su lema. Según describe la Real Academia de la Historia de España, en su Diccionario biográfico disponible en línea, la maestra Angelita patentó dos versiones de este invento. La primera, de 1949 “presentó un sistema o mecanismo de activación mediante sencillos pulsadores que permitían mostrar al alumno las lecciones o materias, fragmentadas, de forma visual, interactiva y amena”. Se caracterizaba por su facilidad de manejo, su poco peso y volumen, utilizaba tintas luminiscentes para leerse en la oscuridad y un sistema de pulsadores que equivaldrían a los modernos hipervínculos. Era, pues un “juguete educativo”. Para 1962, la maestra patentó un segundo diseño, que suprimía del anterior los sistemas de pulsaciones, mecánicos o eléctricos. “Su forma siguió siendo la de un libro clásico, pero que no se abre, sino que en el frontal de un bloque compacto se acoplan los abecedarios y bobinas, cada una con una asignatura. Contaba también con cristales de aumento, que podían ser graduados y con un aparato de reproducción de sonido, pudiendo así ser utilizado también por personas con limitaciones en la visión”. El invento se hizo muy popular entre los medios de comunicación, a la maestra le realizaron en su tiempo muchas entrevistas, la premiaron a nivel nacional con bombo y platillo, incluso recibió la Cruz de Alfonso X, uno de los galardones más importantes de su país, pero no le dieron el reconocimiento que en verdad merecía: no hubo empresa que invirtiera en la elaboración masiva de su invento, y en la actualidad sólo existe el prototipo como un recuerdo en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (Munacyt) de La Coruña, en Galicia, España. Para saber más Te dejamos estas ligas en las que puedes conocer este antecedente de libro interactivo, de viva voz de su inventora, así como más datos de su vida y obra. https://dbe.rah.es/biografias/133970/angela-ruiz-robles https://intef.es/Noticias/angela-ruiz-robles-y-la-invencion-del-libro-mecanico/ https://www.youtube.com/watch?v=yYV0eptATD0 Anterior Inicio Siguiente

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Un refresco para el cerebro: escribir a mano

La escritura a mano es una destreza conectada directamente con el cerebro, lo afirman grafólogos, docentes y, desde luego, neurólogos. Por desgracia, el uso de la tecnología actual ha restado importancia a este ejercicio, con consecuencias que se observan ya en un deficiente, o al menos aletargado, proceso de aprendizaje. Los maestros más apasionados de la enseñanza están volviendo a la escritura a mano en las aulas, especialmente en niveles medios y avanzados. Aunado a la necesidad de exterminar el improductivo copy-paste del que abusan no sólo alumnos, sino incluso autores plagiarios, recuperar las habilidades de estudio está íntimamente relacionado con funciones motoras, visuales y de memoria que sólo la escritura a mano puede proporcionar. De acuerdo con autoras como la grafóloga Sandra Cerro o la comunicóloga María Paola Daud, los beneficios de la escritura a mano son: Activación cerebral: se establecen mayores conexiones entre los dos hemisferios del cerebro. Ayuda a la memoria y a la ortografía: al copiar los textos a mano es necesario releerlos varias veces para comprobar la escritura correcta de la palabra y el concepto; si nos equivocamos, borramos y volvemos a escribir. Estimula la creatividad: si la tarea no es copiar, sino crear una redacción original (ya sea un ensayo, un artículo o un cuento), se buscan con más cuidado las palabras; luego, al pasarlo en limpio surgen nuevas ideas y la cadena de creación se amplía. Es terapéutico: de hecho, es una de sus funciones más interesantes, pues al escribir a mano buscamos que la letra sea legible, algo que sólo se logra si se escribe en calma, tomando el tiempo para cada trazo. Si estamos enojados al hacer la tarea, la escritura a mano poco a poco consigue que llegue la paz, y si lo que queremos es expresar emociones, éstas serán más sinceras. Más allá del aula, te damos algunos consejos para recuperar la costumbre invaluable de escribir a mano: Ten una libreta. Puede ser nueva o reciclada, para que destines exclusivamente a tu intención de escribir con calma. Escribe con lápiz, pero no le tengas miedo a la pluma. Borra cuantas veces quieras o tacha sin pena lo que no te parezca. Copia todo lo que quieras. Si un texto llama tu atención en internet, cópialo en la libreta del primer punto. Si se trata de una frase muy breve añade tus comentarios o sentimientos para que escribas más. Haz una carta por semana, y envíala o entrégala en persona. Es la práctica más tradicional, íntima y generosa. Puedes seleccionar a una sola persona o a varias y no necesariamente puede ser muy larga, basta con una cuartilla. No importa si tus habilidades para el dibujo son buenas o regulares, o malas, acompaña tus apuntes personales con figuritas o filigranas, eso calentará tu muñeca y hará que tu letra mejore. “La escritura es la pintura de la voz”, dijo Voltaire, así que escúchate para recuperar eso que con tanto esfuerzo y emoción aprendiste en tus primeros años de vida: escribir a mano. Anterior Inicio Siguiente

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La promoción de los valores en los niños a través de la lectura

Tenemos que admitirlo: de los libros aprendemos todo. Son el canal perfecto para comunicar ideas y conocimientos y su gran virtud es que pueden crearse para todos los temas habidos y por haber: el pensamiento humano, las emociones y las historias quedan plasmadas en documentos que son útiles para toda la vida. Son los libros, pues, las herramientas perfectas para transmitir los valores a las nuevas generaciones: a la par que se les enseña a leer y escribir a los pequeños es fundamental también acercarles contenidos de calidad que nutran su mente y su espíritu. La generosidad, el respeto, el compañerismo, la honestidad, la justicia y la empatía son sólo algunos de los valores que los niños aprenden en los libros, con la enorme ventaja de que pueden recibirlos en lenguajes muy distintos, tanto en estilos formales (libros de texto), o más lúdicos, a través de los géneros literarios como poemas de amor y amistad, fábulas aleccionadoras, cuentos inspiracionales y hasta novelas de aventuras que fomenten esas virtudes con palabras sencillas, amenas e incluso divertidas, en textos corridos o acompañados de dibujos e ilustraciones. Pero esa sencillez no significa simpleza, el autor debe contar con habilidades muy bien estudiadas de escritura, y tener amplio conocimiento del contenido que compartirá a fin de que sus mensajes sean comprendidos correctamente, pues escribir sobre valores implica una gran responsabilidad de crear guías para la sana convivencia en comunidad, y que también siembren la semilla del autocuidado, la autoestima y la conciencia, por mencionar algunos. Leerle a los hijos o a los hermanos menores, cada noche, antes de dormir, fortalece los vínculos afectivos. Pero también estar al tanto de las lecturas que hacen los pequeños en solitario es prestarles atención a sus intereses y enseñarles el valor de la responsabilidad. Hacer las preguntas ¿cómo vas con tu lectura? ¿qué enseñanza te deja? ¿te hizo feliz el libro que acabas de concluir? ayuda a que el niño entienda que leer es importante. Promover la lectura y el amor a los libros es fomentar grandes valores en sí mismos, ya que leer es un hábito que enaltece el pensamiento humano, ensancha el espíritu y, ya sea en casa, en un parque o en la biblioteca, está al alcance de todos en cualquier momento. Anterior Inicio Siguiente

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El valor olvidado de la poesía

Cada año, las cámaras libreras de todo el mundo, los departamentos de cultura y educación de los gobiernos y hasta los institutos de estadísticas nos inundan con diferentes reportes de cuánto lee la gente en cada país. Las variables demuestran que la gente sigue leyendo, en diferentes formatos y plataformas, menos de lo que quisiéramos, pero la lectura es un hábito que todavía no se pierde. Lo que sí ocurre es que se lee cada vez menos poesía. Según un estudio de la plataforma Picodi publicado en 2019, el género de poesía en México está en uno de los últimos lugares de preferencias de lecturas, para ser honestos en el penúltimo, ya que si hablamos de literatura, los lectores en general prefieren el suspenso, las novelas fantásticas, las históricas, las de aventuras, las policíacas y hasta los cómics antes que la poesía. ¿Por qué, qué es lo que generó que la poesía, antes la reina de las letras, se fuera al último rincón de la biblioteca personal? “La poesía es el género más olvidado de la literatura porque a la gente le gusta que le cuenten cosas; hace cuatro siglos era el género por excelencia, pero la modernidad se ha enfocado en lo narrativo”, dijo el poeta costarricense Mainor González Calvo, en una visita que hizo a Tlaxcala para un encuentro literario. Y es que en realidad, la poesía sí cuenta historias. Aunque sean mínimas. La poesía es un informe del alma y el pensamiento de quien la escribe y, en ese sentido, se debe fomentar de nuevo su valoración. “La poesía despierta los sentidos mediante las palabras y la creación de belleza en el lenguaje, y también cultiva la imaginación y la memoria. Es toda una realización de las facultades corporales y anímicas del ser humano. Porque la forma de cuanto se dice o escribe es tan importante como el sentido o el ‘mensaje’”, escribió la autora Tanella Boni en la sección Ideas del portal de la UNESCO. Leer poesía, ya no digamos escribirla, implica un conocimiento más profundo de la lengua. Es ahí precisamente donde radica su valor, porque la poesía ayuda a pensar, a reflexionar, a rascarse la cabeza para comprender el sentido de lo escrito: a buscar esa narrativa que no necesariamente tiene que ser de personajes y hechos concretos. Leer poesía es un ejercicio mental poderoso, y en las escuelas su lectura debería fomentarse hasta como una herramienta de estudio. Anterior Inicio Siguiente

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Caballeros, dragones, rosas, libros y Gaudí: la leyenda de Sant Jordi

Desde 1995, el 23 de abril se celebra el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, por la coincidencia histórica de la muerte de William Shakespeare, Miguel de Cervantes y el Inca Garcilaso de la Vega. Fachada de la Casa Battló con flores el día de San Jordi. Las celebraciones son distintas en cada región del planeta, pero en Barcelona y varias ciudades de Cataluña, en España, esta fiesta es diferente, se le conoce como Día de Sant Jordi y su formato se ha replicado en varias ciudades del mundo, incluida Guadalajara: las librerías sacan mesas de libros afuerita de sus establecimientos e incluso en las plazas públicas y es costumbre regalar rosas por igual a hombres y mujeres que compren libros. Los gobiernos, incluso, regalan textos y hay lecturas públicas y convivencias con autores. Esta festividad tiene dos explicaciones, de acuerdo con la propia historia de Cataluña: en la primera, se dice que Sant Jordi (en catalán) o San Jorge (en castellano) fue antes de santo un caballero bajo las órdenes de Diocleciano en el siglo VIII, gobernante que perseguía y mataba cristianos. Al negarse Jordi a realizar esta labor, fue martirizado y decapitado justo un 23 de abril. En 1456 fue nombrado patrón de Cataluña. La otra leyenda está más relacionada con la literatura, en torno también a Sant Jordi. Cuenta que la ciudad de Tarragona estaba dominada por un feroz dragón con sus bocanadas de fuego y su fétido aliento. Para mitigar un poco las masacres de la bestia, se le ofrecía a un habitante del pueblo en sacrificio por día y así satisfacer su hambre. La persona se elegía por sorteo y un día le tocó a la princesa cumplir con esta misión, pero cuando se encaminaba hacia su destino el caballero Jordi apareció para enfrentarse al dragón, a quien le dio batalla hasta matarlo. De la sangre del reptil brotó un rosal con flores de un rojo intenso, del que el caballero arrancó una para obsequiarle a la princesa. Techo de la Casa Battló que simula el dragón, junto con la cruz que recuerda la espada de Sant Jordi. Este acto heroico sirvió para que en Cataluña el día de los enamorados se celebre justo en el de Sant Jordi, así que los novios comenzaron a regalar rosas rojas a sus novias en esa fecha. Si bien el Día del Libro se instituyó en la comunidad catalana el 7 de octubre de 1927, por el arraigo de la fiesta de las rosas se decidió moverlo al 23 de abril en 1929. Por cierto, en esta leyenda de San Jorge y el dragón se inspiró uno de los artistas españoles más importantes de todos los tiempos, el arquitecto Antoni Gaudí, para la construcción de la Casa Battló de la calle Paseo de Gracia, en el corazón de Barcelona. La construcción presenta elementos de la leyenda, desde la espada de Sant Jordi y las escamas del dragón en el techo de la casa, hasta los esqueletos de los muertos caídos ante la bestia, figurados en los balconcillos de la construcción, sin dejar de lado el balcón de la princesa. Cada 23 de abril, al igual que las librerías, tenderetes de libros y plazas públicas, la Casa Battló también se llena de rosas rojas. Feria del libro, las rosas y el amor por Sant Jordi en Barcelona. Anterior Inicio Siguiente

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Un libro de obligada lectura para cualquier emprendedor y empresario

El pasado noviembre, el reconocido economista italiano Roberto Albisetti presentó la segunda edición de su libro Finanza empresarial. Mercado, estrategias y negocios estructurados, en el marco de la FIL 2021 y en un evento especial para la UAG.   Con la presencia del Lic. Antonio Leaño Reyes, Rector de esta Universidad, del Mtro. Juan Carlos Leaño del Castillo, Vicerrector Administrativo, y del Dr. Ricardo Beltrán Rojas, Secretario General, así como de directivos y alumnos, el Dr. Albisetti expuso el panorama general de lo que esta obra ofrece en su versión enfocada en la realidad mexicana.  El libro coeditado por editorial Folia y la editorial de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia (PUJ) es una visión completa y práctica acerca de las finanzas corporativas para evaluar riesgos, identificar oportunidades de financiamiento y generar estrategias que permitan la integración eficaz y sostenible a nivel empresarial y financiero, como respuesta a la creciente demanda de formación para el desarrollo de nuevos negocios.  Puedes ver la presentación en el siguiente enlace: https://youtu.be/3xrd63UCP-c Anterior Inicio Siguiente

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¿Cómo puedo formarme como corrector de estilo?

La labor de un corrector de estilo ha sido subestimada por muchos años, hablando de nuestro país, y ello se debe en gran medida al desconocimiento de dicho oficio. Sí, hasta hoy es un hecho que el corrector se hace “sobre la marcha”, no se forma en una institución. Sin embargo, parece que cada vez más surgen diplomados y talleres que buscan reivindicar su labor, además de que parece haber mucho mayor interés de la gente por “profesionalizarse” no sólo en la corrección de estilo, sino también en la ortotipopgráfica. Si tú tienes interés en trabajar como corrector, debes saber que resulta primordial tener una ortografía impecable y conocimientos amplios de gramática española; si sabes de morfosintaxis, es un plus. Estas habilidades se aprenden, sobre todo, leyendo, ya que el punto medular es ser buen observador y trabajar al detalle. No se trata sólo de poner o quitar comas y puntos, identificar errores de dedo o poner alguna mayúscula que se “barrió” por error. Es algo más. Es entender lo que se lee, analizar la sintaxis, la estructura de cada frase o enunciado, conocer de concordancia, y sí, darle un estilo al contenido, hay que dotar de personalidad al texto. Lo anterior se logra identificando el público al que va dirigida la información, pero sin perder de vista la originalidad del autor y, sobre todo, darle un objetivo muy claro para que el mensaje que se emite genere el efecto deseado. Y si bien es cierto que la lectura es imprescindible para la formación de los correctores, no basta con ello. Resulta forzosa la práctica diaria del análisis de textos, de la deconstrucción de párrafos y de la consulta de información, entre otras particularidades. Si quieres saber más al respecto o estás interesado en convertirte en corrector de estilo, en editorial Folia te pueden orientar. Anterior Inicio Siguiente

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